Una taza.
Tengo una taza. Un tazón.
Tan grande que es capaz de guardar todos mis secretos.
Como esa carta que jamás te envié, la identificación de
la carrera que no terminé y los laxantes que tomo cada vez que quiero sentirme bien.
Beber de allí es una exageración y no me sienta bien. Me cae pesado.
Como aquel mensaje tuyo que recibí, donde mostrabas todo menos cariño.
Ese que me hizo sentir insignificante.
Tengo una taza. Un corazon.
Tan grande que me sirve para ocultar todo lo que siento.
Porque mi castigo siempre fue sentir mucho por gente que siente tan poco.
Sentir por dos, y sufrir por uno.
Porque siempre soy la que ama, y a la que le duele.
Ya no sé qué hacer con su contenido.
Tirarlo sería un atropello. No se tira un regalo, y menos uno que te da la vida.
Porque mi tazón es grande, y debería estar agradecida de que sea así.
Porque hay personas con tazones pequeños que siguen luchando día a día para poder llenarlos.
Pero mi corazon comienza a agrietarse, y mis verdades salen por aquellos espacios.
La porcelana ya no puede aguantar el peso del sentir. La carne ya no puede estirarse.
No la culpo; no fue creada para eso.
Yo lo utilicé arrastrada por la emoción de tener un tazon
sin preguntarle primero qué quería.
Temía su respuesta. Y es que mi tazón preferiría ser uno de los pequeños y vacíos. Simples.
Porque entonces no estaría como está ahora:
roto e intentando arreglar algo que no rompió.
Agrietado por sentir tanto, y temiendo no poder seguir haciéndolo.



Increíble cómo escribes. Se nota que cada palabra sale directo del corazón, sin filtros ni disfraces. Hay una fuerza emocional en lo que dices que se siente de verdad, que toca. Cada línea tiene peso, tiene sentido. Me encanta cómo logras transmitir tanto. De verdad, es muy especial leerte.♡♡